Avenida Corrientes
"La calle que nunca duerme".
“Todo pasa en esta vida,te cambiaron Corrientes angosta,ya no sos la calle postadonde un día supe andar...”(“Corrientes angosta”, letra y música de Ángel Gatti) Calle o avenida, Corrientes ha sido desde sus orígenes, el nervio y motor de los trazos más marcados y representativos de eso que algunos llaman “el espíritu porteño”. Sin embargo, el brazo de esta importante arteria, a fuerza de ensanches y angostamientos, ha sufrido a lo largo de su historia una serie sucesiva de alteraciones que influyeron en su aspecto general. Roberto Arlt, reflexionaba en una de sus célebres Aguafuertes porteñas: “(...) El espíritu de la calle Corrientes no cambiará con el ensanche. Es inútil, no es con un ensanche que se cambia o se puede cambiar el espíritu de una calle. A menos que la gente crea que las calles no tienen espíritu, personalidad, idiosincrasia.”Y así fue desde siempre. Homero Expósito, uno de los más importantes poetas del tango, expuso años más tarde con profunda y elevada visión lírica (y hasta con rabia), el sentimiento elegíaco producto de esas transformaciones:“Calle como valle de monedas para el pan.Río sin desvío donde sufre la ciudad.Los hombres te vendieron como a Cristoy el puñal del Obelisco te desangra sin cesar.”(Tristezas de la calle Corrientes, Federico y Expósito).“La calle que nunca duerme”, “La calle más tanguera”, “La calle de todos y de nadie”: según las épocas muchos fueron los intentos por definirla, y en todos los casos, han tenido su parte de certeza.En una suerte de procesión simbólica, podríamos decir que la calle Corrientes nace dando pelea en las instalaciones del mítico Luna Park, epicentro de las más recordadas epopeyas del boxeo argentino, y finaliza su extenso recorrido en el Cementerio de la Chacarita.De ese camino imaginario entre la vida y la muerte, cabe destacar su entrecruzamiento con la calle Florida, donde la ciudad presenta una variada cantidad negocios de distinto tipo, imperio del turista o simplemente del curioso.Antes de llegar a la altura de la avenida 9 de Julio, ya aparece con su imponente porte el Obelisco de Buenos Aires, y en el trayecto que va desde Florida hasta Callao, la calle ofrece una asombrosa oferta de teatros, cines, librerías, bares, restaurantes, donde se desarrolla gran parte de la agitada movida cultural de esta ciudad. Allí Corrientes fue, y de alguna manera aún es, la calle de las luminarias.De Callao a Pueyrredón y un poco más allá, Corrientes se extiende hacia el populoso barrio del Once, cuyo aspecto de “gran Babel” la convierte en una verdadera feria comercial en donde pueden adquirirse todo tipo de mercancías: desde vestimentas o telas, hasta bijouteries o artículos importados de China o de la India. Luego, la calle Corrientes va internándose en los barrios de Buenos Aires: Almagro, Villa Crespo y al fin se diluye en Chacarita.Siempre viva en el imaginario idílico de los porteños, y soportando todas las crisis socio-económicas del país, la calle Corrientes va recomponiendo su rostro cíclicamente y sin alterar su espíritu, que en definitiva es el espíritu mismo de la ciudad.De atrás hacia adelante, o de adelante hacia atrás, al llegar a Buenos Aires la calle Corrientes es la vía ineludible que ningún visitante debe dejar de recorrer.





