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Viernes 03 de Septiembre de 2010

Café de los Angelitos

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“Rivadavia y Rincón, vieja esquina / de la vieja amistad que regresa...” En la profusa literatura y lírica del tango dedicada a la institución porteña del café-bar, el lugar que ocupan los versos de "Café de los Angelitos" no es desdeñable: fueron cantados por grandes voces como las de Alberto Marino y Liberad Lamarque, y figuran entre los más difundidos en su temática, detrás de los del paradigmático Cafetín de Buenos Aires de Mores-Discépolo, y a la par de "Viejo Tortoni" de Eladia Blázquez y Héctor Negro y "Café La Humedad" de Cacho Castaña.

“Rivadavia y Rincón, vieja esquina / de la vieja amistad que regresa...” En la profusa literatura y lírica del tango dedicada a la institución porteña del café-bar, el lugar que ocupan los versos de Café de los Angelitos no es desdeñable: fueron cantados por grandes voces como las de Alberto Marino y Liberad Lamarque, y figuran entre los más difundidos en su temática, detrás de los del paradigmático Cafetín de Buenos Aires de Mores-Discépolo, y a la par de Viejo Tortoni de Eladia Blázquez y Héctor Negro y Café La Humedad de Cacho Castaña. Menor fortuna que el tango Café de los Angelitos tuvo el establecimiento que lo inspiró: su decadencia, cierre (en 1992) y posterior demolición (ocurrida en 2000) escribieron capítulos grises de la historia del tango en la ciudad.
Pero eso ya es, precisamente, historia. Refundado sobre los escombros, convertido en flamante complejo gastronómico, desde esta semana el Café de los Angelitos ofrece cena, show de tango con orquesta de señoritas y el atractivo adicional de su extenso anecdotario, al que parece oportuno echar un vistazo.
En 1890, en la esquina de Rivadavia y Rincón, un comerciante italiano de nombre Bautista Fazio abrió un precario local con billares, el Bar Rivadavia, que en los siguientes años frecuentaron payadores célebres como Gabino Ezeiza e Higinio Cazón. Se atribuye a un comisario de la jurisdicción el haber impuesto al Bar Rivadavia el apelativo de “Café de los Angelitos”, en irónica referencia al nutrido prontuario de muchos de sus parroquianos. En 1919, el comercio fue adquirido por Angel Salguero, que lo bautizó oficialmente Café de los Angelitos y ornamentó la fachada con dos querubines de yeso.
En los años 20 y 30 contó entre sus habitués a grandes artistas del tango, muy especialmente a Carlos Gardel, cuya predilección era conocida. En su exhaustiva biografía del cantor (Carlos Gardel, su vida, su época. Ed. Sudamericana), el inglés Simon Collier relata que el Zorzal criollo solía compartir mesa con su compañero de dúo José Razzano, con Alfredo Deferrari (empleado del Banco de la Nación) y su hermano Armando, Ernesto y Gabriel Laurent, y Armando Defino (quien se convirtiría en su hombre de confianza). Añade Collier: “En ocasiones la mesa que ocupaban allí se ampliaba para recibir a otros. El actor Roberto Casaux iba a veces (...). El crítico de teatro y hombre de letras Joaquín de Vedia a veces añadía un tono intelectual a las muy poco intelectuales reuniones. Otro habitué era el boxeador de peso pesado Luis Angel Firpo (el Toro Salvaje de las Pampas). Otro visitante era a veces Manuel (Manucho) Güiraldes, hermano de Ricardo Güiraldes, autor de ese inolvidable clásico argentino, Don Segundo Sombra.”
 
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